jueves, 25 de diciembre de 2008

SALA DE ESCRITURA


Concurso de cuento corto Babel
Mónica Sacco, escritora que vive en La Falda, es la autora de este cuento que recibió una mención del Jurado. Desde este blog se puede acceder a dos de sus policiales.

Lo hago por mamá

Buenas tardes, doctor, encantado de conocerlo. Soy vampiro. Ya sé, no es ninguna maravilla. Yo, que quiere que le diga, no le veo la gracia. Además, no es vampiro el que quiere sino al que le toca. Y por tocar, a uno le tocan montones de inconvenientes. No, no estoy hablando de la estaca de madera, los ataúdes con tierra y la cruz: esas son todas gansadas. Miren si me voy a asustar de dos palitos cruzados. Soy judío y la única cruz que me asusta es la svástica: esa sí que mete miedo a cualquiera, sea judío, goy o extraterrestre. Lo que pasa es que hay mucha mitología alrededor de los vampiros. Puros inventos. Míreme a mí: ¿usted se cree que tengo una vida fácil?
Para empezar tengo el problema de la comida. En épocas de escasez, cualquiera de mis colegas muerde cualquier cosa, por ejemplo, un chancho. Yo no puedo, imagínese, ¡chancho! Claro que hay otros a los que les va peor. Conocí a un budista que con esa milonga del Camino Medio del Buda y el respeto por la Naturaleza y sus animalitos, no puede clavarle el diente a nada que se mueva en cuatro patas, empezando por las vacas. Le digo que hay temporadas en que uno las pasa bravas, vea.
Las mujeres son otro problema. Eso de que Bela Lugosi las mira fijo un rato y las chicas se le regalan, es un cuento chino. Puro Hollywood. ¡Las veces que habré ligado un buen tortazo por quedarme mirando fijo a una señorita! No me quiero ni imaginar lo que hubiera pasado si le tiraba el tarascón.
Claro, yo no soy Bela Lugosi. Lo digo por la pinta, ¿vio? Porque ser vampiro no es garantía de buena facha. Tengo lindos ojos pero la nariz no me ayuda. Como nosotros nos quedamos en la edad en que nos vampirizaron, yo aparento veinticinco años desde, uh, bueno, nunca me había puesto a sacar la cuenta. Pucha que pasa el tiempo. Je. Qué lindo verbo: "El vampirizador que lo vampirice..." ¿Se acuerda? "El constantinopolizador de Constantinopla..:" No, no se acuerda. Bueno, todo bien. Es un trabalenguas viejo.
No vaya a creer que lo de vampirizar a alguien es cosa de una mordida y chau. No señor. Uno no va por la vida dando mordiscones a diestra y siniestra, y convirtiendo gente común en vampiros. Nada que ver. Tiene que darse la ocasión además de la necesidad. Por ejemplo, si uno tiene que comer, mire si se va a andar preocupando por hacer proselitismo. No: uno se alimenta y a otra cosa mariposa. Con ser cuidadoso y dejarlo bien sequito al sujeto - no me gusta decirle "víctima", me da no sé qué -, alcanza para que no haya "efectos secundarios", como dicen las contraindicaciones de los medicamentos. Tampoco es cuestión de agrandar el gremio porque sí, porque la competencia es muy dura y después empiezan los problemas: que la comida, que el lugar para vivir, que dónde se hacen las reuniones sociales. Y no, asado no comemos.
Lo que a mí más me preocupa es mi mamá. Mi cambio la afectó mucho. Que cómo voy a hacer con el trabajo, que salgo mucho de noche, que así no voy a conseguir una buena chica para darle nietos… Como será que todavía no me atrevía a explicarle que los vampiros no nos reproducimos a la manera tradicional. Quiero decir: papá, mamá, la semillita...Por ese lado, nada. Será por eso que trato de darle todos los gustos. La llevo de vacaciones. Vamos en auto o en tren, porque a mamá el avión le da miedo, así que vamos cerca, por lo general a Miramar, que es bien familiar. A mamá le gusta el mar. Claro, yo voy a la playa con anteojos negros, pantalones largos y remera de manga larga, y me la paso adentro de la carpa. Más de una vez me tengo que quedar en el departamento, porque con el sol no me llevo muy bien y me pierdo las cola-less, pero los días nublados, ¡me doy cada panzada de tangas! El año pasado me fui a Brasil. Aproveché que una vecina invitó a mamá al country y me fui en avión. No, los vampiros no volamos. Otro cuento del cine. Viajamos como cualquier cristiano. Lo de cristiano es un decir, no quise ofender a nadie. ¡Viera qué lindo Río! ¡Braaaaaziiiiiiiil, larí-larí-larí-la-la! ¡Que playas! ¡Qué garotas! ¡Qué travestis! Hay que tener mucho cuidado de no hincarle el diente a alguno por error. Yo no tengo nada contra los travestis, nada más lejos de mí, pero bueno, prefiero que me avisen. A mí me gustan las chicas. Siempre me gustaron, desde antes de ser vampiro.
Como le estaba contando, mi problema era encontrar alguna chica para presentarle a mamá. Valeria es una tipa macanuda pero no es del tipo "familiero". Todavía no sé cómo me dio bolilla. ¡Qué mujer, Valeria! Me dio vuelta, me volvió loco. Que una mina así se fije en uno... Pero mamá empezó a sospechar. ¡Viera lo mal que se puso! Que yo le mentía, que no andaba en nada bueno, que me veía cada vez más demacrado. La verdad es que la excusa de quedarme trabajando fuera de hora ya no daba más y mamá es muy intuitiva.
Yo le hablé a Vale, le dije que quería presentarle a mamá, pero ella me dijo que mamá tenía razón y que yo tenía que buscar una chica de mi misma educación. Que ella tenía que seguir su camino y yo el mío. Fue cuando me corté las venas, en casa de ella. Cuando Vale volvió del baño, me encontró medio muerto. No hubo tiempo para otra cosa y ella lo hizo para salvarme la vida. Me tuvo que morder. Ahí me enteré de que Vale era vampira. Tuvo que enseñarme unas cuantas cosas, por ejemplo lo de la comida.
Me contó del apellido: Messalina. Yo no lo podía creer. ¡Si los libros de Historia dicen que la liquidó la guardia pretoriana! Vale casi se muere de risa. Bueno, “se muere” es un decir. Ahí nomás sacó una espadita corta y se la incrustó en la panza, lo más tranquila. Le pregunté por la espadita, — "se dice gladio, zoncito", me dijo — y resultó que la guardaba en recuerdo del cornudo del marido. Le había tomado cariño al rengo, me dijo. Él no tenía la culpa de nada, eran esos libertos de porquería que le habían llenado la cabeza en contra de ella.
Disculpe, doctor, de nuevo me fui por las ramas. La verdad es que podía haberme conseguido alguna novia pero yo estaba encaprichado con Valeria. Pero no me arrepiento. Vale es una gran mujer y siempre está dispuesta a ayudarme. Como cuando se enfermó mamá. ¡Estuvo tan mal! Casi se me muere. Yo estaba desesperado y Vale me dio la solución. Yo le pedí a ella que me hiciera el favor, por eso de la experiencia, pero ella me dijo que a mi mamá no le iba a gustar porque ella es goy. Como siempre, tuvo razón. Así que yo vampiricé a mamá. Viera lo bien que está. Dice que lo único que le falta es verme casado y ver crecer a sus nietitos. Y Vale no quiere saber nada de nada con ese asunto. Dice que con chicos ella no se mete. No es ético vampirizar a un menor, me dijo, y a mí me parece que tiene razón. Pero mamá insiste tanto… Por eso lo vengo a ver, doctor. Hace ciento cincuenta años que mi mamá me viene rompiendo las pelotas con los nietos y yo quiero darle el gusto. Quiero informarme sobre ese asunto de la clonación. ¿A Ud. le parece que funcionará conmigo?

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡El vampirito está de diez!
Me gustó mucho.
Saludos,
Betty