martes, 3 de febrero de 2009

SALA DE ESCRITORES


Esta semana publicamos el cuento ganador del 2º Premio





en el Concurso de Cuento corto BABEL 2008:





SIMETRÍAS de Nolberto Ángel Malacalza





San Nicolás - Pcia. de Buenos Aires


http://www.ningo.com.ar/

SIMETRÍAS
Ahora le sirven el café y él está atento a la operación, presto a interrumpir —mediante una señal con la palma de la mano hacia abajo— ese chorro negro que baja desde la jarra de acero inoxidable con mango recto de madera y se suicida contra el fondo blanco de la taza. Las campanas de una iglesia llaman a misa, y a él le parece ridículo que haya misas en un lugar como éste, donde todo es playa y noche. Recuerda sin embargo que al final de su infancia fue monaguillo, y de inmediato manda este recuerdo, por anacrónico, a su papelera espiritual. Piensa que el gesto de la mano es como un ideograma universal para decir “calma, señores” o “más despacio”, pero su experiencia le indica que en cualquier sitio del mundo, el mozo o garçon o camarera con delantal blanco, interrumpen de inmediato el chorro de café con sólo eso, con sólo levantar la mano extendiendo los dedos juntos y con la palma hacia abajo. Claro está que la mano debe ubicarse bien por encima del flujo café, como si el líquido hirviente fuese un perro dispuesto a que le acaricien el lomo. No olvida esta precaución porque ya una vez, a causa de una sonrisa y un delantal impecable y ajustado, interrumpió sin darse cuenta el chorro con su mano. Y así le fue.Ella tomaba sol con un traje de baño de dos piezas, anteayer por la tarde, en el sitio de la playa que él está mirando desde el comedor del hotel. Reconoce el lugar por la forma caprichosa de la piedra que asoma de la arena, un poco más arriba de donde la mujer se tostaba sobre su lona roja con rayas blancas. Eso fue el jueves y es pasado, no sólo por la cronología —cosa vulgar y aburrida, asociada con el devenir y con la muerte— sino porque ahora y en el mismo sitio hay cuatro gaviotas picoteando algo, tal vez los restos de galletitas esparcidos por su nene. Si la mujer y el nene permanecieran en la misma posición, seguirían en el ahora del jueves, como si fuesen las figuras de un cuadro viejo, tan viejo como un diario de anteayer, un cuadro quizá titulado Mujer bañista con niño.El objetivo es que el café deje lugar para un volumen exactamente igual de leche, porque ésa es la medida áurea, el sine qua non, el atajo sutil que permite esquivar tanto la palidez insulsa y decepcionante como la agresiva negrura que puede arruinarnos el día, porque lo negro se pega a la garganta y a la lengua, se adueña de las papilas y no se irá hasta que algo importante y agradable nos ocurra.Él ha notado la diferencia porque la ha estado observando. Ayer por la mañana, ella se había mostrado en el mismo sitio con una lona turquesa y un bikini blanco, bastante estrecho en la parte superior, aunque no tanto en la pieza de abajo. Esto le había traído a la imaginación una estampa de la mujer tomando sol sin nada arriba, y había tratado de que la imagen no se le fugase a la papelera. Luego notó que, antes de extender la lona, ella había puesto al nene a jugar con la palita en la arena y le había parecido que lo estaba haciendo para ejecutar sin estorbos la maniobra de recostarse y bajarse los breteles y empezar con la morosidad del bronceador, como corresponde a su figura y a sus quilates, dicho esto sin inducir idea o sensación de peso, porque no le sobra nada. Ni le falta, claro. Se había preguntado si por la tarde aparecería con su esposo o pareja, si es que la tenía, porque una mujer así puede ser tan independiente como para ser madre por decisión propia. Tal vez siga viniendo sola (fue una forma de decir, ya que el nene no contaba), y en tal caso, pensó, si me preparo bien para llamar su atención, quizá pueda entablar un diálogo. Creo que mi pantalón de baño algo estrecho me hará más joven, más actual. ¿Con o sin anteojos? Mejor con anteojos, no es cuestión de que me vuelva a suceder lo del año pasado, cuando erré el escalón y quedé dos metros más abajo, escupiendo arena y recordando a la madre de Newton.Él concluyó su racconto aceptando que estas precauciones y algunas otras de menor monta quedaron en aguas de borraja, y que además todo fue tristemente simple: por la tarde no apareció.El problema es la forma de la taza, cómo calcular la mitad con un perfil tan degradée desde el borde al fondo, de qué modo lograrlo sin recurrir a integrales o algoritmos, por qué esta forma de taza, a qué se debe que no sea como las anteriores, dónde están los derechos del turista, por qué no se legisla sobre el tema, le cambian a uno la taza como ella se ha cambiado de bikini, cosa natural y agradable si no fuera porque ayer por la mañana tampoco apareció y yo pensé que se le habrían terminado las vacaciones —raro en día viernes— o se habría cansado de mi asedio visual y de mi figura poco convincente (bien se dice que la calvicie es signo de virilidad pero reduce las ocasiones de demostrarlo) y esta era una oportunidad que se me iba de las manos por la calva o por lo que fuese, quizás escapó de mí para tomar sol en otro lugar o en otra playa. Mencioné que había cambiado su bikini y digo que el de ahora (el del ahora de ayer viernes por la tarde, ya que por fortuna volvió) era de color tostado claro, pero lo mismo contrastaba con su piel que es de un tostado más oscuro, lo más parecido al café con leche mitad y mitad que se haya visto, cosa que me convenció de que estaba frente al equilibrio total. Ella había acampado en el sitio de siempre y eso era estupendo, se notó que no me huía, y tan reconfortante como eso fue el cambio de formato de su bikini, éste era tan breve que le desnudaba franjas de piel no vulneradas todavía por el sol. Razonando llegué a la conclusión de que se lo había puesto para mí, si no para quién: yo era el único moro en la costa, quiero decir en su costa veraniega. Me atreví a sonreírle, no sin antes procurar que viera el libro grueso que yo tenía tomado por el lomo, la verdad no tuve en cuenta si era un ejemplar de El siglo de las luces o de Los mandarines. “Es un intelectual”, estaría pensando ella, y eso sería bueno. Imagen positiva, como le dicen al poroto a favor. Me decidí por ese look, ya que cualquier otro sería menos verosímil para mi aspecto, y porque ella solía leer con atención libros de menor tamaño con anteojos circunspectos, no como los de esas chicas huecas que los usan de —por ejemplo— un verde chillón, haciendo juego con los colores de la tapa de un libro y de un traje de baño igualmente verdes. Aunque a veces he visto combinaciones de colores con libros de tapas negras y lo mismo les sienta, porque el negro va con todo. Me atreví a sonreírle, decía, y ella también me sonrió, pero de inmediato sacó una revista del bolso y se puso a hojear las fotos de un casamiento del jet set como diciendo aquí me planto, es todo por hoy. Y yo qué iba a hacer, me resigné pensando que al menos había logrado un avance. Por la noche salí a tomar unas copas y a las dos de la mañana me fui a dormir, alegre y esperanzado. Pero ahora son casi las diez y ha bajado a la playa un melenudo que alzó al nene para cubrirlo de besos y se ha tendido a continuación de ella, boca abajo y cabeza sobre cabeza, y al besarse parecen dos manos con las puntas de los dedos encorvadas y enganchadas, en total simetría se besan, las lenguas al aire como para tomar resuello y luego engordar los mofletes de uno y de otro, todo es mitad y mitad y ojalá pudiese yo resolver como ellos el problema de este desayuno, de este maldito café con leche que va camino de un blanco deprimente o de un negro de mal agüero.

4 comentarios:

Mónica dijo...

El clásico "conflicto" playero contado con buen estilo.
Mony

Anónimo dijo...

Los que otorgaron el premio no se dieron cuenta del cambio mal hecho de punto de vista de la narración? Van a tener que ir a hacer un curso de narrativa.
José Luis

Biblioteca Popular Babel dijo...

Gracias, José Luis, por hacernos ver el detalle (no menor) que no habíamos notado antes.
Los que otorgaron el premio forman parte de un Jurado que, desde hace años, se encarga de nuestro concurso y que ofrece la Agencia Córdoba Cultura.
¿Deberemos formar un Jurado controlador del dictamen del Jurado? Nada gracioso, ¿no?

Biblioteca Popular Babel dijo...

Perdón, hay un cambio de tercera persona a primera, que realmente no se justifica.