Modo humano de evitarlo, un cuento de Virginia Caresani
Tiene los ojos hinchados como ciruelas. La miro, estoy en la cabecera de la mesa. No sé si realmente me corresponda estar en este lugar, a veces me siento el último orejón del tarro. Ella está enfrente, con la nariz metida en el plato. Mientras la cabeza está baja, la veo sorber fideos como un zorzal, lombrices. Pero cuando se levanta, el color rojo de sus ojos negros se desparrama por la mesa como un atardecer. Leticia. Le pusimos asÃ, porque significa felicidad. Imaginábamos que serÃa una santa, que vestirÃa de blanco o gris y pedirÃa permiso para hablar. -¿Qué?- dice cuando me sorprende mirándola. No hablamos desde que dejamos de ir a pescar, cuando su primer novio se sentó en la reposera y la rompió en pedazos. Se encerraron en la habitación de la cabaña y sólo pudimos escuchar gritos y golpes. Asà que le di una patada a la puerta; arrastré a Lety a la lancha y la llevé a casa, a salvo. Entonces, llenó la valija rosada que le regalamos para Navidad con la esperanza ...