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Algo bueno en ese lugar / Damián Pulizzi

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                                             ¿Cómo sabe uno lo que va a hacer hasta que llega el momento? Es imposible.  J.D. Salinger Ni el médico del pueblo, ni éstos del hospital, pudieron decirnos qué tiene, qué le pasa, por qué de repente se puso así, de ese color, y no se despierta. Sólo fueron claros en algo: que iba a quedar en observación y que no iban a poder decirnos nada hasta la mañana siguiente.  Y aunque no pudiera hacer nada, ni siquiera entrar o verlo, mi mujer prefirió quedarse en el hospital y yo salí a buscar un hotel donde pasar la noche.  Salí del hospital y agarré la avenida. Pasé por el frente de un hotel, después por otro, pero no entré y seguí caminando.  La avenida se fue haciendo ruta. Yo caminaba po...

Juan Rodolfo Wilcock / Cuentos breves

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L os amantes   Harux y Harix han decidido no levantarse más de la cama: se aman locamente, y no pueden alejarse el uno del otro más de sesenta, setenta centímetros. Así que lo mejor es quedarse en la cama, lejos de los llamados del mundo. Está todavía el teléfono, en la mesa de luz, que a veces suena interrumpiendo sus abrazos: son los parientes que llaman para saber si todo anda bien. Pero también estas llamadas telefónicas familiares se hacen cada vez más raras y lacónicas. Los amantes se levantan solamente para ir al baño, y no siempre; la cama está toda desarreglada, las sábanas gastadas, pero ellos no se dan cuenta, cada uno inmerso en la ola azul de los ojos del otro, sus miembros místicamente entrelazados. La primera semana se alimentaron de galletitas, de las que se habían provisto abundantemente. Como se terminaron las galletitas, ahora se comen entre ellos. Anestesiados por el deseo, se arrancan grandes pedazos de carne con los dientes, entre dos besos se d...

Beya (Le viste la cara a Dios) / Gabriela Cabezón Cámara

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Gabriela Cabezón Cámara  Ilustrador Iñaki Echeverría  Eterna Cadencia 2013 “Durante las cortas noches en las que nuestros cuerpos se empeñaban en revivir -oscuramente, con una esperanza tenaz y carnal que la razón desmentía en cuanto había amanecido-.” Jorge Semprún, La escritura o la vida. I Si el fin del torturador es provocar la presencia absoluta del que tiene atado para sojuzgarlo entero con laceración y dolor, el objetivo del torturado es tomarse el palo, irse de ahí, partir del cuerpo que pierde el aliento a manos de otro, amatambrado de sogas y en mazmorra sin salida: si a matasiete el matambre, a vos el resbalar en tu sangre y en los charcos de la leche que te ahoga y que te arde. Querés partir y dejar atrás la mazorca, el ardor colorado de sus dientes amarillos y tu esfínter hecho un volado de broderie de tomate, ay, si pudieras esfumarte en un abrazo celestial y no sentir las trompadas ni que te queman con fasos ni esa contracción que du...

La biblioteca de Babel / Jorge Luis Borges

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El jardín de senderos que se bifurcan   (1941; Ficciones , 1944)           El universo (que   otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente.           La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquirda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos.          Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que s...