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El hambre de los muertos // Alberto Laiseca

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La negra tomasa, todas las noches, acostumbraba contarle cuentos espantosos al niño de la casa. El chico se llamaba Virgilito. Era una relación rara la de la negra con Virgilio, porque el pibe se moría de miedo con los cuentos que le contaba la mujer pero al mismo tiempo le gustaban.  —¿Virgilio… te parece que esta noche… te parece que… esta noche también te cuente un cuento? —Sí, contame. —¿Pero estás seguro? Mirá que este cuento es bastante espantoso, ¿eh? —No importa. Contameló. Me gustan. —Bueno… si vos mismo lo pedís… ta’ bien. Yo te lo cuento. Después no te quejes, ¿eh? No te vas a quejar después. “Allá en el viejo San Telmo, cerca del Bajo, había una casa en esquina, formando ochava. Creo que todavía existe esa casita. Estaba habitada por negros. Como era un lugar muy chiquito los negros estaban apilados uno arriba del otro. Y un día de esos vino la fiebre amarilla y los mató a todos. Así que la casa quedó llena de espíritus. Se sentían ruidos raros ahí. La gente no se anima...

Colaboración de las cosas/ cuento de Macedonio Fernández

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  Empieza una discusión cualquiera en una casa cualquiera pues llega un esposo cualquiera y busca la sartén ya que él es quien sabe hacer las comidas de sartén y ésta no aparece. Crece la discusión; llegan parientes. Se oye un ruido. Sigue la discusión. Se busca una segunda sartén que acaso existió alguna vez. El ruido aumenta. Tac, tac, tac. No se concluye de esclarecer qué ha pasado con la sartén, que además no era vieja; se escuchan imputaciones recíprocas, se intercambian hipótesis; se examinan rincones de la cocina por donde no suele andar la escoba. Tac, tac, tac. Al fin, se aclara el misterio: lo que venía cayendo escalón por escalón era la sartén. Ahora sólo falta la explicación del misterio: el niño, de cinco años, la había llevado hasta la azotea, sin pensar que correspondiera restituirla a la cocina; al alejarse por ser llamado de pronto por la madre, después de haber estado sentado en el primer escalón de la escalera, la sartén quedó allí. Cuando trascendió el clima agr...

Test de humanidad / Fabián Casas

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  Para saber qué temperatura hace afuera... a) ponés la tele b) mirás el termómetro de tu estación meteorológica casera marca Oregon Scientific c) entrás en internet en el servicio meteorológico d) tocás el vidrio de la ventana Para disfrutar del deporte... a) ponés la tele b) te vas a jugar un buen torneo de paintball, modalidad speedball c) te vas a jugar un buen torneo de paintball, modalidad recball d) armás un fulbito con los pibes del barrio, no importa el número. Para informarte sobre la delincuencia y tomar precauciones al respecto... a) ponés la tele b) entrás en internet y consultás el índice de criminalidad en varias fuentes para extrapolar el estado local actual. c) llamás al ministerio d) hablás con los vecinos Para saber qué opinar de la economía... a) ponés la tele b) lees los resultados publicados por las consultoras y por el ministerio y sacás conclusiones propias c) verificás los indicadores históricos de PBI, distribución del ingreso, consumo, exportaciones, deud...

Ante la ley / Documental Carlos Correas

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Carlos Correas, escritor de culto hasta hace poco tiempo ignorado, dejó una serie de interrogantes tras su dramática muerte. Manuscritos, diarios personales, cartas, expedientes judiciales y la traumática adaptación de un cuento prometen ser las piezas de un rompecabezas que reconstruye la experiencia de una vida de intelectual dolorosamente argentina. “Ante la ley. El relato prohibido de Carlos Correas” indaga sobre las convenciones del documental de cabezas parlantes para mostrar, allí, los límites y puntos ciegos del género. *** Ficha Técnica Año 2012 Tipo Documental Director Emiliano Jelicié & Pablo                  Klappenbach Intérpretes Tomás Abraham, Gustavo                  Bruzzone, Bernardo Carey,                              Marta Correas, Marta Dujovne Guión Emiliano Jelicié, Pablo...

Por las azoteas / Julio Ramón Ribeyro

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Julio Ramón Ribeyro A los diez años yo era el monarca de las azoteas y gobernaba pacíficamente mi reino de objetos destruidos. Las azoteas eran los recintos aéreos donde las personas mayores enviaban las cosas que no servían para nada: se encontraban allí sillas cojas, colchones despanzurrados, maceteros rajados, cocinas de carbón, muchos otros objetos que llevaban una vida purgativa, a medio camino entre el uso póstumo y el olvido. Entre todos estos trastos yo erraba omnipotente, ejerciendo la potestad que me fue negada en los bajos. Podía ahora pintar bigotes en el retrato del abuelo, calzar las viejas botas paternales o blandir como una jabalina la escoba que perdió su paja. Nada me estaba vedado: podía construir y destruir y con la misma libertad con que insuflaba vida a las pelotas de jebe reventadas, presidía la ejecución capital de los maniquíes. Mi reino, al principio, se limitaba al techo de mi casa, pero poco a poco, gracias a valerosas conquistas, fui e...

Parapentes / Guillermo Gribaudo

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Lorena me había dado a entender que necesitaba salir con las amigas, ya me hablaba como si yo fuera uno de sus pacientes. La verdad es que si no hubiera sido por Pía cortábamos mucho antes, pero como nos habíamos mudado a Lomas de Zamora para intentar en un lugar más tranquilo, no nos queríamos dejar así como así, por lo menos no sin intentarlo una vez más. Un sábado a la noche salió a cenar con las amigas y pensé en tomarme yo un tiempo, en hacer algo. El domingo desayuné solo, temprano, venía atrasado con un proyecto. Como no me podía concentrar hice una lista absurda, siempre me gustó hacer listas, de lo que no iba a aguantar más, entre las cotas de un boceto. Gente Que No Quiero Ver Más: este y este, esta otro tampoco, esta menos, casi todos los que me tenía que aguantar para no quedar como el ermitaño . Lorena se levantó a las once, desayunó unos mates y se puso a condimentar la carne y las verduras. Pía se vino conmigo al estudio, trajo sus juguetes y se instaló en el p...

Algo bueno en ese lugar / Damián Pulizzi

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                                             ¿Cómo sabe uno lo que va a hacer hasta que llega el momento? Es imposible.  J.D. Salinger Ni el médico del pueblo, ni éstos del hospital, pudieron decirnos qué tiene, qué le pasa, por qué de repente se puso así, de ese color, y no se despierta. Sólo fueron claros en algo: que iba a quedar en observación y que no iban a poder decirnos nada hasta la mañana siguiente.  Y aunque no pudiera hacer nada, ni siquiera entrar o verlo, mi mujer prefirió quedarse en el hospital y yo salí a buscar un hotel donde pasar la noche.  Salí del hospital y agarré la avenida. Pasé por el frente de un hotel, después por otro, pero no entré y seguí caminando.  La avenida se fue haciendo ruta. Yo caminaba po...

Médanos / Matías Aldaz

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Matías Aldaz La pierna ortopédica de Juan estaba parada al lado de la cama: tenía una zapatilla negra y una media tres cuartos gris. Así como estaba, sobre la alfombra verde, parecía un edificio en el medio del campo.  Juan, acostado, la miraba de reojo. —¿No querés que también desarme la tuya? —le preguntó Laura sin levantar la vista. Juan agarró el control remoto que estaba en la mesita de luz y prendió el televisor. Dejó el canal en el que pasaban un partido de fútbol. —Es más cómodo —agregó Laura. —¿Qué es más cómodo? —Desarmar la valija. —Lo cómodo es no volver a armarla —dijo y subió el volumen del televisor.  —Bueno, te la desarmo yo. —Dejala así. Laura lo miró y dijo: —Pero va a estar todo arrugado cuando la quieras usar. —Dejala así y se terminó. Comenzó a sonar el teléfono. Juan se estiró con esfuerzo para atender pero Laura dio dos pasos rápidos y levantó el tubo. —¿Sí? Juan la miró, cerró los ojos y agachó la cabeza. Luego se a...