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Poema sobre mis derechos de June Jordan

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Incluso esta noche necesito dar un paseo y aclarar mi cabeza sobre este poema acerca de por qué no puedo salir sin cambiar mi ropa mis zapatos mi postura corporal mi identidad de género mi edad mi estatus como mujer sola en la noche/ sola en las calles/ estar sola no es la cuestión/ la cuestión es que no puedo hacer lo que quiero hacer con mi propio cuerpo porque soy del sexo equivocado de la edad equivocada de la piel equivocada y supongo que no fue aquí en la ciudad sino allá en la playa/ o lejos en el bosque y quería ir allí yo sola para pensar sobre Dios/ o pensar sobre las criaturas o pensar sobre el mundo/ todo ello al amparo de las estrellas y el silencio: no pude ir y no pude pensar y no pude estar allí sola tal como necesitaba estar sola porque no puedo hacer lo que quiero hacer con mi propio cuerpo y quién demonios organiza las cosas así y en Francia dicen que si el tipo te penetra pero no eyacula entonces él no me violó y si después de apuñalarle si después de destrozar con ...

Clarice Lispector / Fragmentos "Revelaciones de un mundo"

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 30 de noviembre Si yo fuera yo     Cuando no sé dónde guardé un papel importante y la búsqueda se  revela inútil, me pregunto: ¿si yo fuera yo y tuviera un papel importante  para guardar, qué lugar elegiría? A veces resulta. Pero muchas veces me  quedo tan presionada por la frase “si yo fuera yo”, que la búsqueda del  papel se vuelve secundaria, y empiezo a pensar.  Mejor dicho, a sentir.      Y no me siento bien. Pruebe: si usted fuera usted, ¿qué haría? De  inmediato uno se siente intimidado: la mentira en que nos acomodamos  resultó ligeramente corrida del lugar donde se había acomodado. Sin  embargo, ya leí biografías de personas que de repente pasaban a ser ellas  mismas, y cambiaban por completo de vida.    Creo que si yo fuera realmente  yo, los amigos no me saludarían en la calle porque incluso mi fisonomía  estaría cambiada. ¿Cómo? No sé.      La mitad de las cosas que...

Daniela Camozzi / Poemas

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Ilustración de  Heo Jiseon   Cuando desafío al agresor logro que se calle y el corazón bombea rápido. No reconozco mi voz en ese rugido. Su verdad-pensamiento suena en mi cabeza con un repiqueteo que me embriaga. El agresor responde de un modo que no esperaba: recula, pide disculpas. No voy a aceptarlas. He terminado con la impostura de mi civilidad.                             ******** Saben y mienten  dice que no sabe que ellos no fueron situación dice cuando debería decir represión pero en su tono en su modo en los ojos opacos ahí en lo que no dice se le escapa la verdad . sabe y calla como antes sabían y callaron decimos  aparición  porque no puede ser lo otro en nuestras bocas no tiene nombre . nosotros decimos con vida ellos dijeron los vamos a cazar a todos allá hacia el río tirale al negro gritaron . a las mujeres nos dicen que nos tomemos nuestra propia sangre indias sucias nos gritan...

Colaboración de las cosas/ cuento de Macedonio Fernández

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  Empieza una discusión cualquiera en una casa cualquiera pues llega un esposo cualquiera y busca la sartén ya que él es quien sabe hacer las comidas de sartén y ésta no aparece. Crece la discusión; llegan parientes. Se oye un ruido. Sigue la discusión. Se busca una segunda sartén que acaso existió alguna vez. El ruido aumenta. Tac, tac, tac. No se concluye de esclarecer qué ha pasado con la sartén, que además no era vieja; se escuchan imputaciones recíprocas, se intercambian hipótesis; se examinan rincones de la cocina por donde no suele andar la escoba. Tac, tac, tac. Al fin, se aclara el misterio: lo que venía cayendo escalón por escalón era la sartén. Ahora sólo falta la explicación del misterio: el niño, de cinco años, la había llevado hasta la azotea, sin pensar que correspondiera restituirla a la cocina; al alejarse por ser llamado de pronto por la madre, después de haber estado sentado en el primer escalón de la escalera, la sartén quedó allí. Cuando trascendió el clima agr...

Cumple de mamá, 1991 / Alejandra Zina

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Lo de siempre. Eso pensaste. Lo de siempre. La Negra y José eran tus mejores amigos. Los únicos que dejabas entrar a la casa. No era la primera vez que tu mamá los invitaba a su cumpleaños. Ya habían venido antes. A ellos no les molestaba. A la que le molestaba era a vos. ¿Por qué tenía que invitar a tus amigos? ¿Por qué no se hacía amigos de su edad? Si hubiera otros invitados, todavía. El problema era que ellos iban a ser los únicos. ¿Y su pareja? Después de tu papá salió con un hombre. Se llamaba León. Era un buen tipo, al que quisieron de verdad. Nunca supieron lo que pasó entre ellos, pero un día las visitas y los llamados terminaron. Antes de que desapareciera de sus vidas, León le escribió una carta a cada una. Sus palabras eran tiernas y estaban llenas de buenos deseos para el futuro. Esa fue su forma de despedirse. Así que no. Pareja no tenía. ¿Y su familia? Tu abuela vivía enLa Cumbrecitay con tus tíos había dejado de hablarse hacía tanto tiempo que ninguna recordaba cuándo f...

El hombre de los ojos negros, un cuento de Mónica Sacco

El padre Rojas salió del hospital con una sensación extraña en el estómago. Me estoy muriendo.  No tenía miedo a morirse: era el dolor lo que lo asustaba. Mucho. Miedo a no ser capaz de soportar el dolor y pedir piedad y calmantes a gritos. Perder el pudor entre sábanas manchadas con su propios e inicuos fluidos.  Se sentó en la plaza a observar a los que tomaban sol, jugaban a la pelota o esperaban pacientemente al pie de la calesita. Reconoció a unos cuantos habituales de los domingos, a otros menos de los sábados, y a muchos más que ni pisaban. Eran más los hipócritas entre los habituales que entre los que lo saludaban por la calle nada más que porque llevaba un ropaje identificable. ¿Cuáles se compadecerían de su sufrimiento? ¿Cuántos irían a preguntar por él durante su agonía, en voz baja, de pie junto a la puerta y sin atreverse a sentarse ? Él nunca había abandonado a un moribundo. Cierto que tampoco se había sentado: no le había parecido una actitud correcta por parte ...